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EL “MILAGRO DE LA CUERDA” Y LA PREHISTORIA DEL ESPECTÁCULO.

 

Ashvagosha cuanta en su poema Buddhacarita, XIX, 12-13 que el Buda visitó por vez primera después de su iluminación su ciudad natal, Kapilavastu, y que allí hizo demostración de ciertos “poderes milagrosos” (siddhi). Para convencer a los suyos de sus fuerzas espirituales y preparar su conversión, se elevó por los aires, cortó su cuerpo en trozos que dejó caer al suelo, para reunirlos después ante la mirada maravillada de los espectadores. Este milagro forma parte, de un modo tan íntimo, de tal tradición de la magia india, que se ha convertido en el prodigio-tipo del faquirismo. El célebre “milagro de la cuerda”  que se eleva muy alto en el cielo y por la que el maestro hace subir  a un joven discípulo hasta que desaparece de la vista de todos. El faquir lanza entonces un cuchillo al aire y los miembros del joven caen al suelo uno tras otro.


El Suruci  Jataka cuenta que un juglar, para provocar la risa del hijo del rey Suruci, creo mágicamente un mango y lanzó muy alto en el aire un ovillo cuyo extremo quedó enganchado en una de las ramas. Trepando por el hilo, el juglar desapareció en la copa del mango. Seguidamente sus miembros cayeron al suelo, pero un segundo juglar los unió, los regó con agua y el hombre resucitó.  El “milagro de la cuerda”  debía de ser muy popular  en la India de los siglos VIII y IX, pues Guadapada y Shankara lo utilizaron como ejemplo para ilustrar con mayor vida las ilusiones creadas por maya. En el siglo XIV Ibn Battuta pretende haber sido testigo de tal milagro en la corte del rey de la India. El emperador Jahangir describe un espectáculo semejante en sus Memorias. Como, al menos desde Alejandro, la India pasaba por  ser el país clásico de la magia, sus visitantes estaban obligados a ver uno o más milagros típicamente faquíricos. Un místico tan importante como Al Hallaj dio lugar a cantidad de historietas de las que resultaba que él había ido a las Indias para enseñar magia blanca “con el fin de atraer a los hombres a Dios”. Louis Massignon resume y traduce un relato, conversando en el Kitab al Oyoun, según el cual Al Hallaj, una vez en la India, “se informó acerca de una mujer, fue a visitarla y converso con ella. Ella lo dejó para el día siguiente. Entonces ella salió con él a la orilla del mar con un hilo torcido provisto de nudos, como una verdadera escalera. Luego la mujer dijo sus palabras y subió por el hilo, con el pie colocado sobre el hilo, y subía tanto que desapareció de nuestra vista. Y Al Hallaj, volviéndose hacia mí, me dijo: Por esta mujer eh venido a la india”.


No es posible recoger aquí todos los testimonios, muy numerosos, del rope-trick en la India antigua y moderna., Yule y H. Cordier reunieron algunos casos en la prensa angloindia del siglo XIX. R. Schmidt, A. Jacoby y A. Lehmann enriquecieron el dossier añadiendo muchos ejemplos de otros lugares, pues este milagro-tipo del faquirismo indio no esta limitado a la India. Se encuentra también en la China, en las indias neerlandesas en Irlanda y en el antiguo México. Reproduzco la descripción del Ibn Battuta de una sesión a la que asistió en China: “El juglar cogió una bolsa de madera en la que había muchos agujeros por los que pasaban largas correas. La lanzo al aire y la lanzo hasta el punto en que no la vimos más. (…) Cuando ya no quedaba en su mano más que un pequeño extremo de la correa, el juglar ordenó a uno de los aprendices que se colgara de ella y que subiera. Y eso hizo hasta que no lo vimos más. El juglar lo llamo tres veces sin recibir respuesta; entonces cogió un cuchillo, como si se hubiera enfurecido, se ato a la cuerda y también desapareció. Después tiro al suelo una mano del niño, luego un pie, después de esto la otra mano, el otro pie, el cuerpo y la cabeza. Bajo resoplando, sin aliento, con toda su ropa manchada de sangre. (…) El emir le ordenó algo y nuestro hombre cogió los miembros del joven, los pegó trozo por trozo, y he aquí el niño que se levanta y se mantiene bien erguido. Todo esto me sorprendió mucho, tuve palpitaciones en el corazón, semejantes a las que me sucedieron con el rey de la India, cuando fui testigo de una cosa parecida…”


En el siglo XVII, el viajero holandés E. Melton pretende haber asistido a un espectáculo semejante en Batavia, pero también aquí se trata de un grupo de juglares chinos. Relatos casi idénticos se encuentran entre muchos viajeros holandeses de los siglos XVII y XVIII.


Hay que destacar que el milagro de la cuerda está igualmente atestiguado en el folklore Irlandés. La historia más difundida  se encuentra en la colección traducida por S. H. O´Grady, Sylva Gadelica. El juglar lanza al aire un hilo de seda que se cuelga de una nube. Por ese hilo hace correr a un conejo seguido por un perro (recordaremos que el juglar del que habla Jahangir en sus Memorias había enviado sucesivamente por la cadena un perro, un cerdo, una pantera, un león y un tigre). Luego manda a un joven y a una muchacha: todos desaparecen en la nube. Un poco mas tarde, al descubrir que por negligencia del joven el perro se ha comido al conejo, el juglar trepa a su vez por la cuerda. Le corta la cabeza al joven, pero a petición del señor se la vuelve a colocar y lo resucita.


Se han puesto de relieve leyendas procedentes de diversas regiones europeas que comportan, de un modo conjunto o separado, estos dos temas específicos del rope-trick: 1) magos que cortan en trozos sus propios miembros o los de otro individuo para después unirlos; 2) brujos y brujas que desaparecen en el aire por medio de cuerdecillas. El segundo motivo nos ocupará más adelante. Todas estas leyendas europeas están en relación con un círculo de magos y las del primer tipo tienen probablemente un origen culto. Veamos como el mago Johann Philadelphia se dio a conocer en Göttingen en 1777: fue cortado en trozos y echado en un tonel. Pero, como el tonel fue abierto demasiado pronto, no se encontró dentro más que un embrión, pues no había tenido tiempo de evolucionar, de modo que el mago no volvió a la vida. En la Edad Media se contaba una leyenda parecida de Virgilio, y Paracelso relató historias semejantes de las Siebengebirge. En las Disquisitiones magicae (1599), Debrios narra que el mago Zedequeo el Judío, que vivía en tiempo de Luis el Piadoso, lanzaba a los hombres al aire, cortaba sus miembros y luego los unía. Notemos de paso que Sahagún relata hechos del mismo tiempo entre los huastecas de México. Se trata de una clase de magos llamados motetequi, literalmente “los que se cortan ellos mismos”. El motetequi se cortaba él mismo en pedazos que disponía bajo una cobertura; después entraba bajo la cobertura y enseguida volvía a salir sin mostrar la más mínima herida. Jahangir había observado el mismo procedimiento entre los juglares de Bengala: el hombre cortado en trozos era cubierto por una tela; un juglar se deslizaba debajo de ella y, al cabo de un momento, el hombre daba un salto.


El “milagro de la cuerda” se ha explicado, ya como una sugestión colectiva, ya por una extraordinaria prestidigitación por parte de los juglares. A. Jacoby llamo la atención acerca del carácter fabuloso de la mayor parte de los relatos paralelos europeos. Pero sea cual sea la explicación dada, sugestión o juglaría, el problema del rope-tick no nos parece resuelto. ¿Por qué se inventó ese tipo de juglaría? ¿Por qué se eligió exactamente ese escenario-ascensión por una cuerda, desmembración del aprendiz seguida de su resurrección- para imponerlo por sugestión o autosugestión a la imaginación del público? Dicho de otro modo, “el milagro de la cuerda”, bajo su forma actual de escenario imaginario, de relato fabuloso o de juglaría, posee una historia y esa historia no puede ser dilucidada más que teniendo en cuenta los ritos, los símbolos y las creencias religiosas arcaicas.


Cabe distinguir dos elementos 1) la desmembración del aprendiz; 2) la ascensión al cielo por medio de una cuerda. Ambos son característicos de los ritos y de la ideología chamánicos. El sabio que durante sus “sueños iniciáticos”, los aprendices de chamán asisten a su propio descuartizamiento llevado a cabo por los “espíritus o demonios” que desempeñan el papel de maestros de iniciación: se les corta la cabeza, se corta su cuerpo en pequeños trozos, se limpian sus huesos, etc., y, al final, los “demonios” juntan los huesos y los recubren de una carne nueva. Estamos aquí en presencia de experiencias extáticas de estructura iniciática: una muerte simbólica es seguida por una renovación de órganos y de la resurrección del candidato. Es útil recordar que las visiones y experiencias del mismo orden ocurren entre los australianos, esquimales, tribus americanas y africanas. Es decir, que se trata de una técnica iniciática extremadamente arcaica. Ahora bien, merece destacarse que un rito tántrico himalayo, el tchöd, comporta igualmente  el descuartizamiento simbólico del neófito: éste asciende a su decapitación y a su despedazamiento por las dakinis o por otros demonios. Se puede pues considerar el despedazamiento del aprendiz y su resurrección realizados por el faquir como un escenario de iniciación chamánica casi totalmente desacralizada.


Me referiré ahora al segundo elemento chamánico que hemos reconocido en el rope-trick: la ascensión al cielo por medio de una cuerda, que ofrece un problema más complejo. Por un lado, implica el mito arcaico muy difundido del árbol, la cuerda, la montaña, la escalera o el puente que, desde los comienzos del Tiempo, unen el Cielo a la Tierra, asegurando la comunicación entre el mundo de los dioses y el de los humanos. A consecuencia de una falta cometida por el antepasado mítico, la comunicación fue interrumpida: el árbol, cuerda o liana han sido cortados. Este mito no se limita  a las zonas dominadas por el chamanismo en el sentido estricto, sino que desempeña un papel considerable con las mitologías chamánicas y los rituales extáticos de los chamanes.


El mito de la escalera o la cuerda que unía el cielo a la tierra es muy conocido en la India y en el Tíbet. El Buda descendió del cielo Trayastrimsha por una escalera con la intención de “trillar el camino en los humanos”: desde lo alto de la escalera se podía ver, por encima, a todos los Brahmalokas y, por debajo, las profundidades del infierno, pues la escalera era un auténtico axis mundi erigido en el centro del Universo. Esta escalera milagrosa está representada en los relieves de Bharhut y de Sañci, y en la pintura budista tibetana sirve también a los humanos para subir al cielo.


En el Tíbet la función ritual y mitológica de la cuerda está aún mejor atestiguada, especialmente en las tradiciones pre-budistas. Según el mito, en el origen los dioses descendieron del cielo a la tierra por una cuerda. Después de la caída del hombre y la aparición de la muerte, fue abolida la relación entre cielo y tierra. El primer rey del Tíbet habría descendido él también del cielo por medio de una cuerda. Los primeros soberanos tibetanos no morían, sino que subían al cielo. Pero desde que la cuerda fue cortada, sólo las almas pueden subir al cielo en el momento de la muerte, y los cadáveres se quedan en la tierra. Aun hoy en día, en muchas prácticas se intenta subir al cielo por medio de una cuerda mágica, y se creen que en la muerte los piadosos son arrastrados al cielo con una cuerda invisible.


Es posible relacionar estas creencias indo-tibetanas relativas a la cuerda mítica capaz de unir cielo y tierra con un grupo mas complejo de imágenes, símbolos y especulaciones que han cristalizado en torno a la idea de que el Cosmos, al igual que el hombre, están articulados gracias a cuerdas e hilos. Las cuerdas cósmicas son los vientos y, como dice la Maitri Upanisad (I,4), cuando en el fin del  mundo las cuerdas de vientos sean cortadas, el Universo se desintegrará. En la Brhadaranyaka Upanisad (III,7,2), se lee que en el momento de la muerte los miembros del hombre se desarticulan porque ya no están unidos por el aire (=la respiración) como por un hilo. Es en esta concepción cosmofisiológica donde se debe buscar el punto de partida de las especulaciones filosóficas sobre el sutratman, el atman como hilo. Basta consultar el dossier elaborado por Coomaraswamy acerca del sutraman en los textos pali para darse cuenta de la persistencia y del carácter pan-indio de esta concepción.


Todas estas imágenes, vientos como cuerdas cósmicas, aire que teje los órganos y los mantiene unidos, el atman como hilo, son solidarias de otras concepciones arcaicas, como las del hilo de la vida, del destino como tejido, de las diosas o de las hadas tejedoras, etc. El tema es demasiado amplio para ser abordado aquí. Solo un aspecto concierne a nuestro propósito: el papel de la cuerda y del hilo de la magia. No sólo se considera que los magos tienen capacidad para hechizar a sus víctimas por medio de cuerdas y nudos, sino que existe también la creencia de que pueden volar por los aires o desaparecer en el cielo con ayuda de una cuerdecilla. Muchas leyendas europeas, medievales y posmedievales, nos muestran a brujos y brujas escapando de su prisión, o incluso de las llamas de una hoguera, gracias al hilo o a la cuerdecilla que se les ha echado. Este último tema folklórico recuerda extrañamente al rope-trick indio.


Como acabamos de ver, la cuerda no es sólo el medio ejemplar de comunicación entre el cielo y tierra, es también una imagen-clave, presente en las especulaciones concernientes a la vida cósmica, la existencia y el destino humanos, el conocimiento metafísico y por extensión, la ciencia secreta y los poderes mágicos implican siempre la facultad de volar por los aires o subir al cielo. La escalada chamánica de los árboles es el rito por excelencia de ascensión al cielo. Y es significativo que en la imaginería tradicional india la escalada del árbol simboliza la posesión tanto de los poderes mágicos como de la gnosis metafísica. Hemos visto que el juglar del Suruci Jataka trepa a un árbol con la ayuda de una cuerda mágica para luego desaparecer en las nubes.

Se trata de un tema folklórico pero igualmente atestiguado en los textos cultos. El Pañcavimca Brahmana (XIX, 12-13), por ejemplo, al hablar de los que suben a la cima del Gran Árbol, precisa que los que tienen alas –es decir, lo que saben- consiguen volar, mientras que los ignorantes, desprovistos de alas, caen al suelo. También aquí se encuentra esta secuencia: escalada del árbol, conocimiento esotérico, ascensión al cielo; lo que en el contexto de la ideología india equivale a decir: trascendencia de este mundo y liberación.


Al dossier del rope-trick hay que añadir algunos documentos menos conocidos y que se refieren a los magos australianos. Desde los estudios de Howitt se sabía que los “hombres-medicina” disponen de una cuerda mágica con la que pretenden subir al cielo. Las recientes investigaciones de Ronald Berndt y del profesor A. P Elkin han aportado precisiones sensacionales acerca de esta cuerda mágica. La descripción de Elkin es la siguiente: “En el sudeste australiano, durante la iniciación de los hombres-medicina, se hace nacer una cuerda en el hombre-medicina por medio de cantos. Esta cuerda proporciona el medio de realizar Hazañas maravillosas: por ejemplo, emitir fuego del vientre como si fuera un cable eléctrico. Todavía hay algo aún más interesante: es el uso que se hace de la cuerda para moverse por el cielo o por la cima de los árboles o en el espacio. En el punto culmínate  del entusiasmo ceremonial de la exhibición iniciática, el mago se tiende sobre la espalda debajo de un árbol, hace subir su curda y él trepa por ella hasta un nido colocado en la copa del árbol; después pasa a otros árboles y, al ponerse el sol, vuelve a descender por el tronco. Los hombres son los únicos que ven esta hazaña, que es precedida y seguida por el torneo del bull-roarer y otras expresiones de excitación emotiva. En las descripciones de estas hazañas registradas por Berndt y por mí mismo se encontrarán los nombres de los medicine-men y detalles como los siguientes: Joe Dagan un mago Wongaibon, echado de espaldas al pie de un árbol, hizo subir muy recta su cuerda y trepó por ella con la cabeza hacia atrás, el cuerpo muy suelto, las piernas separadas y los brazos a los lados. Cuando llegó a la meta, a cuarenta pies, agitó los brazos en dirección de los que estaban abajo y luego bajó de la misma manera y, mientras estaba tranquilamente echado de espaldas, la cuerda volvió a entrar en su cuerpo”.


Es de destacar el hecho de que en Australia la cuerda mágica sea también atributo del hombre-medicina, es decir, de quien tiene la ciencia secreta. Así pues, en el nivel cultural australiano se vuelve a encontrar la misma secuencia atestiguada en la India y en el folklore medieval europeo: ciencia, magia, cuerda mágica, ascensión a los árboles, vuelo celeste. Por otro lado, se sabe que las iniciaciones de los hombres-medicina australianos presentan una estructura chamánica, desde el momento en que comportan la decapitación y el troceamiento rituales del candidato. Dicho brevemente, los dos elementos constitutivos del rope-trick (la ascensión al cielo por medio de una cuerda y el despedazamiento del aprendiz) están conjuntamente atestiguados en las tradiciones de los magos australianos. ¿Quiere decir esto que el “milagro de la cuerda” tiene un origen australiano? No, pero es solidario de técnicas y especulaciones místicas muy arcaicas y el rope- trick no es por tanto y en sentido estricto una invención india. La India no ha hecho más que elaborar y vulgarizar este milagro faquírico, del mismo modo que la especulación indica ha organizado toda una cosmofisiología mística en torno al simbolismo de las cuerdas cósmicas y del sutratman.


Existe otro aspecto del problema también muy importante, pero que sobrepasa la competencia del orientalista y del historiador de religiones.

Me refiero a las posibles experiencias parapsicológicas que han podido inspirar la creencia de una cuerda sutil unida al cuerpo. Según las experiencias del Dr. H. Carrington y de Sylvan J. Muldoon, recientemente discutidas por Raynos C. Johnson en su libro The Imprisioned Splendor (Londres 1953), parecería que ciertos seres humanos son capaces de sentir y, al mismo tiempo, visualizar una especie de cuerda o de hilo que une el cuerpo físico al cuerpo sutil (lo que en la jerga pseudo-ocultista llaman el “cuerpo astral”). No vamos a discutir aquí la autenticidad de tales experiencias. Comprobemos sin más que algunos de nuestros contemporáneos occidentales pretenden sentir y ver esta cuerda sutil. El mundo imaginario y el mundo intermediario de las experiencias extrasensoriales no son menos reales que le mundo físico. No hay que descontar por tanto la posibilidad de que las creencias de los hombres-medicina australianos y otros magos en una cuerda milagrosamente ligada a su cuerpo hayan sido suscitadas o reforzadas por semejantes experiencias parapsicológicas.


Pero sobre todo nos interesa la función cultural del “milagro de la cuerda”, o, más exactamente, los escenarios arcaicos que lo han hecho posible. Acabamos de ver que estos escenarios, junto con la ideología que implican son solidarios con ambientes de magos. La exhibición tiene por objeto desvelar a los espectadores un mundo desconocido y misterioso: el mundo sagrado de la magia y de la religión al que no tienen acceso más que los iniciados. Las imágenes y los temas dramáticos puestos en práctica, en especial la ascensión al cielo con ayuda de una cuerda, la desaparición y el descuartizamiento iniciático del aprendiz, no ilustran sólo los poderes ocultos de los magos, sino que además revelan un nivel más profundo de la realidad, inaccesible a los profanos. En efecto, revelan el misterio de la muerte y de la resurrección iniciáticos, la posibilidad de trascender “este mundo” y desaparecer en un plano “trascendental”. Las imágenes liberadas por el “milagro de la cuerda” son susceptibles de desencadenar a un tiempo la adhesión a una realidad invisible, secreta, “trascendental”, y la duda acerca de la realidad del mundo familiar e “inmediato”. Desde ese punto de vista, el rope-trick, como por lo demás todas las otras hazañas de los magos, posee un valor cultural positivo, pues estimula inmensamente la imaginación y la reflexión al suscitar preguntas y problemas; entre éstos, en definitiva, el problema de la “verdadera” realidad del mundo.

No es por azar por lo que Shankara utiliza el ejemplo del rope-trick para ilustrar el misterio de la misión cósmica. Dese los inicios de la especulación filosófica india, maya era la magia por excelencia, y los dioses en la medida en que eran “creadores”, eran los mayin, los “magos”.


Finalmente hay que tener en cuenta la función “espectacular” del “milagro de la cuerda” (y de hazañas análogas). El mago es, por definición, un escenógrafo. Gracias a su ciencia misteriosa los espectadores asisten a una “acción dramática” en la que no participan activamente en el sentido de que no “trabajan” (como sucede en otras ceremonias dramáticas colectivas). Durante los Tricks de los magos, los espectadores permanecen pasivos: ellos contemplan. Es ésta una ocasión para imaginar cómo las cosas pueden ser hechas sin “trabajar”, simplemente por “magia”, por el misterioso poder del pensamiento y de la voluntad. Es también una ocasión para imaginar el poder creador de los dioses, que crean, no trabajando con las manos, sino por la fuerza de sus palabras o de su pensamiento. En resumen: toda una fábula de la omnipotencia de la ciencia espiritual, de la libertad del hombre, de sus posibilidades de trascender su universo familiar,  ha sido suscitada con el descubrimiento del “espectáculo”, con el hecho mismo de que el hombre descubriera la situación del “contemplativo”.

 

Autor: Mircea Eliade

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